domingo, 05 de septiembre de 2010 inicio agenda noticias fotos postales recursos enlaces correo listas
PRESENTACIÓN
ETAPAS EDUCATIVAS
DEPARTAMENTO DE ORIENTACIÓN
PASTORAL
ACTIVIDADES Y SERVICIOS
ASOCIACIONES
POLÍTICA DE CALIDAD
 
Carácter Propio del Centro.
Colegio Santa María de Guadalupe.
Fotos
Foto 1
 


CARÁCTER PROPIO DE LAS ESCUELAS  FRANCISCANAS
INTRODUCCIÓN
1. ¿CUÁL ES SU IDENTIDAD?
    En el marco de La Constitución española.
    En la Misión de la Iglesia.
    Escuela cristiana con “sello” franciscano.
 Desarrollar una función social en contextos populares.
 Promover un estilo de persona y sociedad según los valores franciscanos.
v   La fraternidad con la humanidad y la creación entera.
v   La formación de personas libres.
v   La justicia y la solidaridad.
v   La paz y la convivencia.
2. ¿QUÉ TIPO DE EDUCACIÓN OFRECEN?
    Educación personalizada.
    Educación integral.
    Educación cristiana.
    Educación en valores franciscanos.
    Educación en fraternidad.
    Educación inserta en la realidad.
    Educación como misión compartida.
3. ¿CÓMO SE ORGANIZAN?
    La Institución Titular.
    Los profesores/as.
    Los alumnos/as.
    El personal de administración y servicios.
    Los padres/madres.
    El Consejo Escolar.
    Una gestión que expresa corresponsabilidad.
4. CONCLUSIÓN

CARÁCTER PROPIO DE LAS ESCUELAS FRANCISCANAS
 
INTRODUCCIÓN
Nuestra escuela se sitúa en el marco de una sociedad plural, con una amplia diversidad de concepciones del hombre, de la vida, del mundo y de la misma socie­dad. En este contexto, desde la apertura a la realidad y con respeto a las diferentes propuestas educativas, creemos que es necesario expresar claramente los rasgos que expresan nuestra identidad.
Nuestra propuesta se basa en la doctrina de la Iglesia Católica y en la tradición franciscana, y expresa la voluntad decidida de ofrecer un servicio a aquellas familias de nuestro país que desean una educación cristiana para sus hijos.
Con nuestro ideario educativo hacemos público también nuestro compromiso de servicio a la sociedad y a la Iglesia como escuela cristiana arraigada en la cultura de nuestro tiempo e insertada en la realidad social de nuestro país.
 
¿CUÁL ES TU IDENTIDAD?
1.   EN EL MARCO DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA
Nuestra escuela responde al derecho de toda persona a la educación en el marco de las libertades proclamadas en nuestra Constitución.
Reconocemos como principios básicos que:
   Los primeros responsables de la educación de sus hijos son los padres o tutores que tienen el derecho a decidir el tipo de educación que desean para sus hijos, el derecho de elegir la escuela que prefieren, y el derecho de ser respetados en sus convicciones cuando no tiene posibilidad de opción.
   Se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros docentes y a definir su carácter propio con respeto a los principios cons­titucionales. Los profesores tienen derecho a desarrollar su función docente con libertad, pero de forma coherente con el Carácter Propio del Centro edu­cativo en el que desarrollan su tarea docente
   Los poderes públicos tienen la obligación de hacer posible el ejercicio prácti­co del derecho de todos a la educación, haciendo compatible el derecho a la gratuidad, al menos, de la educación obligatoria y la libertad de elección del modelo educativo y asegurando la gratuidad de las escuelas y la libertad de enseñanza.
Asumimos y nos situamos en el marco de una sociedad democrática que:
Incorpora en los modelos de convivencia los valores de pluralismo.
   Promueve y tutela el ejercicio de los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos.
   Hace del respeto la norma básica de las relaciones entre las personas y los grupos sociales.
Como en todas las Escuelas de una sociedad democrática queremos que la acción educativa prepare a los alumnos para la comprensión y el respeto de las di­versas maneras de pensar que configuran nuestra sociedad pluralista.
Entendemos que el derecho a la educación no se identifica con el simple dere­cho a la escolarización sino que hace más bien referencia a las finalidades e inten­cionalidades que la escuela se propone y que serían las siguientes:
   Promover la formación integral del alumno en colaboración con los padres: la adquisición de hábitos intelectuales y técnicos de trabajo, así como de conocimientos científicos, técnicos, humanísticos, históricos y estéticos.
   Favorecer el desarrollo y el enriquecimiento de las dimensiones biopsicológicas, sociocultural y trascendente del alumno.
   Capacitarlo para la lectura y la interpretación de la realidad con actitud crítica y creativa.
   Despertar y potenciar su sentido de responsabilidad y ayudarle a tomar decisiones personales coherentes que le lleven a participar activamente en la vida social y cultural.
   Prepararlo para aportar su acción personal y solidaria en la transformación de la sociedad, desde la formación en el respeto de los derechos y liberta­des fundamentales y en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad dentro de los principios democráticos de convivencia.
 
2.   EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA
La Misión de nuestra Escuela es la misión de la iglesia, que tiene como reto anunciar el Evangelio como respuesta a los interrogantes del ser humano en cada contexto cultural. Por eso desde nuestra escuela nos hacemos presentes en el mun­do de la cultura y a través de la acción educativa buscamos:
   Promover la formación integral de los alumnos de acuerdo con una con­cepción cristiana del hombre, de la vida y del mundo, y prepararlos para participar en la transformación y mejora de la sociedad según los valores evangélicos.
   Impartir una enseñanza religiosa escolar que se adecua a las orientaciones de la Iglesia Católica.
   Proponer una síntesis entre fe, cultura y vida: El educador en la escuela de la Iglesia expone críticamente ciencia y cultura sin separarla de la fe, situando en el centro de su enseñanza siempre a la persona en su integridad.
   Favorecer la colaboración responsable y la solidaridad desde aquellos valores que hacen que nuestra sociedad sea más humana y más justa. La Comunidad Educativa es la responsable de crear el peculiar estilo cristiano de la Escuela.
   Promover la educación de la fe de quienes lo desean a través de la catequesis, la vivencia comunitaria y la celebración en un marco de respeto y libertad.
   Crear un ambiente que propicia el testimonio y la acción evangelizadora de los creyentes, y les orienta para la inserción y el compromiso en los movimientos y servicios eclesiales.
 
3.   ESCUELA CRISTIANA CON EL “SELLO” FRANCISCANO
El estilo de Francisco de Asís, de suma actualidad en nuestro contexto sociocultural, es el sello propio que caracteriza a las escuelas promovidas por la Orden Franciscana. A través de su carisma es como intentamos lograr la for­mación integral de nuestros alumnos.
Nuestra escuela tiene como rasgos propios:
A.   DESARROLLAR UNA FUNCIÓN SOCIAL, EN CONTEXTOS POPULARES:
   Participando activamente en la vida de la zona y del barrio propio, así como en el estudio y contraste de los problemas educativos y culturales de la sociedad.
   Comprometiéndonos por conseguir una real igualdad de oportunidades para el acceso de todos a una educación de calidad, dando preferencia a los ambientes y a los jóvenes más necesitados, excluyendo cualquier discriminación, adoptando ritmos, métodos y programas adecuados a la capacidad de cada uno, y atendiendo con mayor interés a quienes tienen más dificultad.
   Insertándonos en el entorno sociocultural para ofrecer una respuesta adecuada a las necesidades de los adolescentes y jóvenes que viven en él; abriéndonos al entorno como centro de animación y de servicios culturales y educativos tanto desde la acción docente como desde las actividades educativas extraescolares; Siendo lugar de encuentro de quienes persiguen objetivos análogos a los nuestros.
 
B.   PROMOVER UN ESTILO DE PERSONA Y DE SOCIEDAD SEGÚN LOS VALO­RES FRANCISCANOS
1. La fraternidad con la humanidad y la creación entera
   Reconociendo el amor que Dios tiene a todas sus criaturas.
   Buscando apasionadamente la verdad que existe en la creación y en toda obra humana, como medio para alcanzar el amor auténtico. Recurrir para ello a las fuerzas más profundas y personales de cada alumno, el conoci­miento, el afecto y el deseo de Dios.
   Creando un ambiente de entrega y de trabajo como forma de participar en los planes de Dios; sencillez y desprendimiento, apertura a la alegría, espe­ranza y felicidad por la certeza del amor de Dios; desinterés y limpieza de corazón en nuestra colaboración con los hermanos.
   Sintiendo predilección por Cristo pobre, reflejado en el mundo de los pobres y al lado de ellos, luchando en el camino de la liberación.
Favoreciendo la vivencia cristiana desde una dimensión de gratitud y de fiesta y la espiritualidad mariana ya que María en el Dogma de su Concepción Inmaculada, como Patrona de la Orden Franciscana, es espiritualidad de sencillez, discreción, amor confiado en Dios y entrega incondicional a la persona humana.
2. La formación de personas libres
Reconocemos que la alta dignidad del ser humano reside en ser hijo de Dios y en haber sido liberado por Cristo.
Queremos educar en y para esta libertad, y por tanto favorecemos el respeto mutuo, el descubrimiento de las propias convicciones, el clima de diálogo sin pre­juicios, la relación desde el respeto a la libertad de los demás, las estructuras participativas que lleven a la implicación y al ejercicio de la propia responsabilidad en la construcción de un mundo más justo y humano.
La propuesta de unos criterios valorativos, el razonamiento de las motivacio­nes en la actuación de las personas, el uso de un recto espíritu crítico ante hechos y situaciones, el ejemplo de coherencia en la vida de los educadores, y la oferta de posibilidades para tomar decisiones personales, son algunos de los medios que siempre deben acompañar nuestra educación en la libertad y para la libertad.
3. La justicia y la solidaridad
La justicia es una exigencia de la dignidad y de la igualdad entre los hombres como hijos de Dios, y la educación para la justicia y la solidaridad es fruto de nuestra opción de servicio al hombre.
 
   Valoramos el trabajo de los alumnos de acuerdo con sus posibilidades y con su esfuerzo personal, fomentando la igualdad entre todos.
   Provocamos la reflexión crítica sobre las realidades de injusticia existentes en nuestra sociedad, para que los alumnos no se dejen manipular ni se ha­gan cómplices de injusticia a través del silencio o la indiferencia.
   Estimulamos la sensibilidad para compartir con los demás tanto las preo­cupaciones como las iniciativas y los proyectos que pueden repercutir en bien de la comunidad, comenzando por el entorno inmediato.
   Fomentamos la solidaridad con los más pobres y marginados, los que están en paro, los que son víctimas de desigualdades, los que sufren las consecuencias de una organización social desequilibrada e injusta.
4.   La paz y la convivencia
La Escuela Franciscana quiere ser signo de aquella fraternidad que propicia y consolida el diálogo, la cooperación y la paz entre los hombres, siendo portadores del mensaje de Paz y Bien que propugnaba San Francisco. Este testimonio es más urgente cuando las tensiones y los conflictos amenazan la misma subsistencia de la comunidad humana.
La escuela es un lugar muy adecuado para promover la educación para la con­vivencia, y para preparar a los alumnos a ser defensores y constructores de la paz.
Con esta intención queremos:
   Promover la acogida franca e integración, y sin reservas, de aquellos que no comparten los sentimientos o ideas de la mayoría, evitando cualquier marginación.
   Favorecer el reconocimiento y la comprensión de las diferencias entre las personas, los pueblos y los grupos sociales por razón de la lengua, la cultura, las costumbres, las tradiciones, etc.
   Asumir los valores específicos de nuestro pueblo, procurando no instrumentalizar la cultura para finalidades políticas partidistas y alejadas de la causa del Evangelio.
   Estimular en los miembros de la Comunidad el compromiso para hacer de la convivencia entre los hombres una relación pacífica, fraterna y comunitaria.
   Favorecer la colaboración de aquellos organismos, instituciones y personas que, con espíritu evangélico, luchan a favor de la comprensión, la concordia y la paz y que a su vez nos ayudan en la transmisión de estos valores.
Así todos los miembros de la Comunidad Educativa nos abrimos a la relación cordial entre nosotros mismos, con las demás escuelas, con la comunidad sociocultural del entorno y con toda la comunidad humana, sin límites geográficos, políticos o económicos.
 
¿QUÉ TIPO DE EDUCACIÓN OFRECE?
1.   UNA EDUCACIÓN PERSONALIZADA
El alumno necesita ayuda y apoyo en su proceso formativo, pero él es el prin­cipal agente de este proceso, el principal protagonista del propio crecimiento. Este estimulo y esta ayuda deben ser personalizadas, es decir, acomodadas a las necesidades de cada alumno teniendo en cuenta el entorno en que está inserto.
La Escuela Franciscana, al situar en el centro de su misión a cada uno de sus alumnos, es consciente de que su finalidad es favorecer el crecimiento y la maduración de cada uno de ellos en todas sus dimensiones: física, intelectual, afectiva, social, ética y trascendente.
En esta labor que nos implica tanto a los educadores como a los padres junto a los alumnos, tenemos en cuenta que el desarrollo de la persona se realiza en unas coordenadas espacio-temporales concretas, y que sólo es posible desde la inserción en la propia generación y en el propio pueblo.
A lo largo de este proceso educativo personalizado, y teniendo en cuenta la edad y maduración de los alumnos, nos proponemos orientar y acompañar a los jóvenes en el descubrimiento y realización de un proyecto de vida realista y orientado hacia los demás, que supere cuanto aliena al hombre de su vocación o lo reduce en sus dimensiones.
Esta orientación del trabajo formativo del alumno se realiza de acuerdo a estos principios:
   Partir de la situación real de cada alumno y del conocimiento de su entorno familiar y social.
   Descubrir las necesidades específicas de cada alumno y sus posibilidades de crecimiento y maduración a través del oportuno diagnóstico educativo.
   Elaborar un programa de orientación que le ayude en la superación de las dificultades y a desplegar todas sus capacidades.
   Fomentar el interés por el trabajo individual, y motivar el esfuerzo constante que ayuda al alumno a avanzar en su proceso de aprendizaje y de autoevaluación.
   Acentuar la dimensión social del proceso educativo, favorecer el trabajo en equipo y a través de él, la cooperación y la solidaridad.
   Ayudar a los alumnos en la comprensión y aceptación de la sexualidad, en el reconocimiento de su importancia en la formación de la propia personalidad.
   Ofrecer los servicios psicopedagógicos necesarios para su orientación vocacional y profesional.
Para realizar esta misión, es necesario que el número de alumnos permita una atención individualizada, y que los profesores y tutores dispongan de los medios adecuados y de la dedicación suficiente.
Mediante el ambiente que cultivamos y los elementos educativos que promo­vemos orientamos en lo referente a:
   La vida afectiva-sexual (estado de vida).
   La virtud profesional (trabajo).
   La opción sociopolítica (dirección, área y modalidades de acción en favor de la sociedad).
   El significado último y total de la existencia (visión del mundo y del hombre, fe religiosa).
 
2.   UNA EDUCACIÓN INTEGRAL
En nuestra acción educativa, queremos favorecer la integración de la personalidad y la promoción de todas las facultades del alumno:
El desarrollo físico, intelectual y afectivo que supone:
   El conocimiento, la aceptación y la superación de sí mismo.
   El estimulo de la sensibilidad, y la creatividad.
   La expresión y la comunicación de las emociones y sentimientos.
   La relación de cooperación y comprensión para con los demás.
   El ejercicio de la libertad y la responsabilidad en la vida social.
   La inquietud por la búsqueda de la verdad que favorezca la interpretación y valoración de la realidad, la inserción crítica en el contexto sociocultural y el ingreso en el mundo del trabajo.
   El espíritu crítico para que sea consciente y responsable de sus ideas.
o                             La educación ética y abierta a lo trascendente que ayude al alumno a afrontar el misterio de su existencia, a abrir horizontes nuevos a la vivencia e interpretación de la realidad personal, humana y del mundo y a descubrir el fundamento de nuestra esperanza.
 
o                             El descubrimiento de valores y la formación de actitudes sabiendo que su transmisión se realiza fundamentalmente por el testimonio. Pretendemos que los alumnos no sólo aprendan a pensar y a hacer, sino sobre todo a ser y a compartir desde unos criterios valorativos que vayan descubriendo y asumiendo con libertad y responsabilidad.
o                             Una educación más allá del aula y del horario lectivo, fomentando aquellas actividades escolares y extraescolares que favorecen la educación en el tiempo libre y despierten intereses y aficiones según las diversas edades de los alumnos, promoviendo la formación de grupos formativos, asocia­ciones, la organización de jornadas y actividades culturales, la participa­ción de la escuela en concursos literarios y artísticos, la colaboración en obras y servicios de promoción social, etc.
Esta educación humanista implica una metodología didáctica abierta y flexible, consecuente con los objetivos que perseguimos en la formación integral. Una meto­dología capaz de integraren cada momento los avances pedagógicos, innovadora y en estrecha colaboración con otras escuelas de características semejantes.
Es un reto en esta educación integral utilizar adecuadamente los avances tec­nológicos al servicio de la educación, como un servicio a la enseñanza individuali­zada y como ayuda a la creatividad y a la investigación educativa. Es importante capacitar a los alumnos para la comprensión y el uso de las nuevas formas de co­municación, ayudándoles a juzgar y seleccionar la información.
Como principios metodológicos tenemos en cuenta:
   Proponer un aprendizaje significativo que responda a los intereses de los alumnos, favoreciendo el enriquecimiento progresivo y evolutivo de sus es­tructuras intelectuales.
   Suscitar y estimular la actividad, y propiciar el descubrimiento de capacida­des y la práctica de destrezas en el mundo de la investigación, el arte y el uso creativo del tiempo libre.
   Favorecer la expresión y la comunicación en el lenguaje propicio de los alumnos.
   Promover un aprendizaje basado en el interés y la motivación constante, sin excluir el esfuerzo personal en el trabajo individual y de grupo.
   Fomentar la iniciativa y la espontaneidad de los alumnos.
   Ayudar a comprender y aceptar las reglas de juego del trabajo en común: respeto, orden y autodisciplina.
   Fomentar la autonomía en el trabajo y la autoevaluación.
 
Estos criterios tienen aplicaciones diversas según la edad y la preparación de los alumnos: en los primeros niveles, la observación, la exploración y la manipulación de objetos concretos; más adelante, la investigación, la experimentación y las rela­ciones interdisciplinares; y siempre, el trabajo individual y en grupo, y la autoevaluación de todo el proceso y de la tarea realizada con la orientación de los profesores.
 
3. UNA EDUCACIÓN CRISTIANA
Nuestra propuesta educativa incluye una referencia explícita a algunos valores que informan toda una concepción del hombre y le ayudan a dar una interpretación del mundo coherente con la fe.
En concreto, nos referimos a los siguientes valores y actitudes:
Actitud de acogida entre educadores, alumnos, y familias, evitando cualquier discriminación por motivos intelectuales, religiosos, económicos, sociales y cultura­les.
   Atención preferente para todos aquellos alumnos, familias, y sectores sociales más necesitados.
Gratitud y alegría, afrontando positivamente las dificultades de la vida.
Creatividad y espíritu de renovación, huyendo de la rutina, la indiferencia y el conformismo.
   Amor al trabajo como forma concreta de entrega personal y de servicio a los demás.
   Participación ilusionada en la labor educativa, haciendo real y visible la corresponsabilidad entre todos los que convivimos en la escuela.
   Conciencia del compromiso en la construcción de un mundo más humano.
Impartimos enseñanza religiosa que supone un estudio sistemático de la reli­gión cristiana, y en concreto de la religión católica. Con ella queremos dar respuesta a los grandes interrogantes existenciales que se le plantean a la persona humana. Contribuimos a la formación de una actitud crítica y comprometida respecto a la sociedad.
Esta enseñanza es impartida en un marco de respeto y de libertad, y nos per­mite ofrecer a los alumnos la posibilidad de plantearse la propia existencia según el Evangelio.
Pretendemos que los creyentes puedan integrar la propia opción religiosa en la cultura, y capacitarse así para dar razón de su fe, los que están en situación de bús­queda puedan reflexionar y clarificar sus dudas y los jóvenes no creyentes puedan afrontar su situación de incredulidad con las perspectivas de la fe.
 
Así mismo, dentro de esta educación cristiana favorecemos una síntesis entre fe, cultura y vida, procurando establecer un diálogo vital y una integración entre cien­cia, educación y Evangelio. En nuestra acción docente iluminamos el saber humano con los datos de la fe, sin por eso desviarlos de su propio objetivo.
Para ello es fundamental:
   La libertad respetuosa y la responsabilidad consciente en una búsqueda de la verdad y la crítica equilibrada y serena.
   La solidaridad y el espíritu de servicio para con los demás y la sensibilidad de la justicia.
   La especial conciencia de ser llamados a actuar como revulsivo en una so­ciedad injusta y alejada del modelo evangélico.
Los contenidos de cada área o asignatura se organizarán de tal manera, que, poniendo siempre el valor persona como centro de dicha organización, posibiliten al alumno integrar todos los conocimientos de los distintos campos de la ciencia y de la cultura en torno al ser humano y, en consecuencia, la persona en toda su dignidad se convierta en referente de interpretación de dichas realidades.
Los que formamos la Comunidad Educativa somos conscientes de que una sociedad en la que el pluralismo religioso es una realidad que exige respeto y com­prensión.
La propuesta educativa franciscana es una invitación que los alumnos pueden acoger libremente y con sentido critico. Se trata de una oferta que respeta a la per­sona, favorece la libertad de alumnos, profesores y padres, y tiende a suscitar una opción personal y responsable.
Así deseamos que todos los miembros de la Comunidad Educativa estemos abiertos a un auténtico diálogo, convencidos de que la estima afectuosa, sincera y respetuosa es el testimonio más acertado de la propia fe.
 
4.   UNA EDUCACIÓN EN VALORES FRANCISCANOS
Esta educación supone iniciar a los alumnos en la vivencia de la amistad y fraternidad solidaria y educar para una reflexión e interioridad que ayude a descubrir el Evangelio.
Las líneas pedagógicas que impulsan el proceso son:
   La primacía de la voluntad sobre la razón.
   La fraternidad sobre el individualismo.
   El predominio del amor sobre el egoísmo.
   El ser sobre el tener.
   La contemplación, el respeto, la admiración de lo creado como lugar de la manifestación de las maravillas de Dios y escuela para construir la fraterni­dad universal.
   Instrumentos de paz en el mundo
 
5.   UNA EDUCACIÓN EN FRATERNIDAD
La escuela franciscana es una comunidad educativa. La realización de un pro­yecto educativo en la escuela católica exige la convergencia de intenciones y de con­vicciones por parte de sus miembros. Por eso nuestra escuela orienta sus esfuerzos hacia la formación de una comunidad educativa-pastoral que sea, a la vez, sujeto y ambiente de educación.
Concebimos nuestra comunidad escolar como una familia animada por los educadores, en la que participan activamente los padres y cuyo núcleo central son los alumnos.
Nuestra Comunidad Educativa es algo en construcción. Por ello, queremos:
   Promover un proceso de convergencia para lograr una visión común de la educación y del estilo franciscano, partiendo del consenso sobre los valores humanos básicos y procediendo luego hacia los valores objetivos más explí­citamente cristianos.
   Reforzar el sentido de pertenencia y la corresponsabilidad en la elaboración y puesta en práctica del Proyecto Educativo.
   Cuidar la formación permanente de cuantos componemos la Comunidad Educativa mediante la maduración de la mentalidad cristiana y el espíritu de Francisco de Asís.
   Potenciar el papel central de la Comunidad de Fe en el seno de la Comuni­dad Educativa y llevar a cabo su inserción activa en la realidad más amplia de la Iglesia local y de la sociedad.
En este sentido creemos que La relación entre familia y escuela enriquece la comunidad educativa y es de una importancia capital.
Nuestra concepción de escuela como complemento de la familia nos exige que establezcamos una relación cercana entre familia y escuela a través del intercambio y la cooperación entre padres y educadores, con el objetivo de conseguir una acción educativa coherente.
Por eso la acción educativa escolar requiere una intensa relación entre padres y educadores.
En nuestra escuela queremos potenciar esta relación, de modo que:
El hijo/a-alumno/a pueda recibir una propuesta educativa coherente y que ga­rantice la continuidad de la acción formativa iniciada en el hogar.
   Los educadores tengan ocasión de ampliar el conocimiento del alumno y aumentar así sus posibilidades de ayuda y orientación.
   Los padres reciban la oportuna información sobre el progreso y las dificul­tades de los hijos en el trabajo escolar, y estén en condiciones de dar a los educadores el apoyo que necesitan en su acción formativa.
   La acción educativa escolar sea una ayuda y un estímulo en el trabajo formativo que los padres realizan con sus hijos.
Esta cooperación mutua se ha de fundamentaren una relación constante entre padres, tutores, profesores y dirección de la escuela. Esta relación da fecundidad y coherencia a la acción educativa y contribuye a conseguir un buen nivel de calidad en la formación integral de los alumnos.
 
6.   UNA EDUCACIÓN INSERTA EN LA REALIDAD
Nuestra escuela tiene una clara dimensión social y comprometida en la cons­trucción del mundo. Por eso la educación que impartimos, enraizada en la cultura de nuestro tiempo y de nuestro pueblo, es también una educación comprometida en la promoción de esta dimensión social de la persona, y en la continua transformación de la sociedad para que consiga cada día un nivel más alto de igualdad, de justicia, de libertad y de paz.
De acuerdo con este criterio, pretendemos:
   Crear un ambiente que ofrezca a todos la posibilidad de ejercer la coopera­ción y la solidaridad, de comunicarse con los demás y de expresar las pro­pias convicciones y experiencias.
   Ahondar en el estudio de la realidad social, sus fuerzas y sus opciones ide­ológicas, y orientar a los alumnos en la lectura serena, objetiva y crítica de esa realidad y de los hechos y criterios que la configuran.
   Favorecer el desarrollo de la cultura juvenil y dar a los alumnos la oportu­nidad de madurar su personalidad mediante el contacto activo con el mundo de los jóvenes y con los bienes de la cultura.
   Ayudarles a descubrir y apreciar los valores de la familia como lugar privile­giado de relación interpersonal y como elemento básico de la sociedad.
   Promover su preparación humana para que adopten una actitud decidida y valiente en la sociedad.
   Colaborar activamente en el necesario cambio social, en orden a conseguir una más justa distribución de los bienes en el mundo, superarla actual marginación de pueblos y grupos sociales, y trabajar por el respeto y la promo­ción de los derechos fundamentales del hombre.
De esta manera todos progresamos en la sociabilidad y compartimos el com­promiso de la Iglesia en la construcción del mundo. Y esta promoción social, realiza­da con espíritu evangélico, es expresión y signo de la presencia del Reino de Dios en nuestra sociedad.
 
7.   UNA EDUCACIÓN COMO MISIÓN COMPARTIDA
Alumnos, padres, profesores, entidad titular y personal de administración y servicios, realizamos conjuntamente una tarea que nos aglutina y hace converger nuestros esfuerzos e ilusiones: la formación integral de los alumnos, eje y centro de la acción educativa.
Pero el logro de este objetivo requiere la aportación de todos, en un clima de aceptación y respeto mutuos, de servicio a una causa común.
Esta participación coordinada y corresponsable de las diversas personas y gru­pos es fundamental para construir nuestra Comunidad Educativa.
Tres principios básicos nos ayudan a situar la participación en el lugar que le corresponde:
   El objetivo prioritario de nuestra escuela es la formación integral de los alum­nos tal como está definida en el Proyecto Educativo.
   Todos los que estamos implicados en esta acción formamos una Comunidad Educativa en la que los intereses individuales dejan paso a los objetivos co­lectivos, y en concreto, al objetivo prioritario de la escuela.
   Esta comunidad Educativa se construye día tras día, y se expresa y actúa a través de una participación corresponsable.
La participación abre horizontes a la iniciativa de los alumnos, padres y profe­sores, y pone en juego un conjunto de ilusiones y energías que motivan y estimulan la acción educativa global de la escuela.
Los criterios que inspiran la Participación
   Finalidad del centro: Promover el crecimiento y la maduración de los alum­nos de acuerdo con el Proyecto Educativo.
   Corresponsabilidad. Todos asumimos el compromiso de ofrecer nuestra aportación personal de creatividad, búsqueda e impulso para llevar a cabo las decisiones que se toman y para aceptar las consecuencias que de ellas se derivan.
   Subsidiariedad. Determinamos claramente el campo de acción y las com­petencias de los diversos órganos de gobierno unipersonales y colegiados, favorecemos el ejercicio de la responsabilidad que es propia de cada uno.
   Representatividad. Todos los miembros de la Comunidad Educativa tenemos la posibilidad de intervenir en el proceso que conduce a la dotación de las decisiones que nos afectan a través de los órganos participativos y represen­tativos correspondientes.
   Coherencia. Todas las actuaciones se plantean y se llevan a término en una perspectiva de conjunto, con el          fin de lograr una convergencia coherente en la realización del proyecto común que convoca a la Comunidad Educativa.
Estos criterios se complementan mutuamente, y nos ayudan en el momento de determinar las competencias y el grado de responsabilidad de los diversos órganos de gobierno de la escuela.
 
¿CÓMO SE ORGANIZA?
 
1.   La Institución Titular garantiza el servicio educativo de la escuela.
La orden Franciscana, en su caso la Provincia Franciscana, como Institución Titular de la escuela es responsable de expresar y dar continuidad a los principios que definen el tipo de educación que entre todos ofrecemos, y a los criterios de ac­tuación coherentes con estos principios.
El conjunto de estos principios y criterios de actuación constituye el Carácter Propio del centro, que inspira y da coherencia al Proyecto Educativo y al Reglamento de Régimen interior.
Para la realización de esta labor, la Provincia Franciscana como Titular.
   Se inserta en el conjunto de la acción educativa escolar aportando el espíritu de Francisco y su escala de valores: El Evangelio.
   Ejerce la última responsabilidad del centro ante la sociedad, los poderes públicos y el conjunto de la Comunidad Educativa.
   Vela de manera particular por la cohesión entre los que formamos esta Co­munidad y por la coherencia y la calidad de la Educación.
   Delega funciones y estimula el ejercicio de las diversas responsabilidades parciales asignadas a los órganos de gobierno unipersonales y colegiados.
   Asume los derechos y deberes que dimanan de las relaciones contractuales con el personal, con la intención de hacer posible su servicio a los alumnos a la escuela, a los padres, al personal colaborador y a la sociedad.
Fomenta aquel clima de libertad y participación que hace que todos los
miembros de la Comunidad Educativa, y de modo particular el profesorado,
podamos disponer de los medios necesarios para realizar el trabajo que nos ha sido encomendado de forma digna y responsable.
El servicio específico de la Provincia Franciscana Titular del Centro, a través de sus representantes y el apoyo que da a los profesores, padres de alumnos y per­sonal de administración y servicios, hacen que todos podamos considerar la escuela como algo propio, obra de todos y responsabilidad de todos.
 
2. Los profesores son los principales educadores de los alumnos en la escuela.
El trabajo de los profesores tiene lugar en el marco de la Comunidad Educativa y ellos constituyen un estamento fundamental de esta Comunidad.
La estructura escolar pone a los profesores en contacto con un número espe­cialmente amplio y rico de personas: alumnos, compañeros de trabajo, padres de alumnos, personal auxiliar, Titular. Esta realidad les hace asumir una especial res­ponsabilidad en la construcción y consolidación de la Comunidad Educativa.
Los profesores de nuestra escuela:
   Son educadores, es decir, su labor formativa va más allá de lo que comporta la transmisión sistemática de una serie de conocimientos.
   Establecen una relación franca y de colaboración con los compañeros, con los que les unen vínculos de solidaridad y comunicación que favorecen el trabajo en equipo y la coherencia y continuidad de la labor que realizan entre todos.
   Juegan un papel decisivo en la vida de la escuela, ya que están directamen­te implicados y colaboran activamente en la preparación, realización y eva­luación del Proyecto Educativo.
   Se corresponsabilizan de la acción educativa global de nuestra escuela, e intervienen activamente en la gestión del centro a través de su participación en los órganos de gobiernos unipersonales y colegiados.
   Dan a su labor formativa el sentido y la coherencia que exigen el Carácter Propio del centro y el tipo de educación que ofrece de acuerdo con la Pro­vincia Franciscana Titular y los padres de alumnos.
Nuestra escuela da prioridad a la formación permanente de los profesores, como personas, como profesionales de la educación y como creyentes comprometi­dos en la acción pastoral, y colabora activamente para que tengan el nivel económi­co adecuado, junto con la debida estabilidad y seguridad en su trabajo.
 
3. Los alumnos
En nuestra acción educativa partimos de un principio básico: el alumno es el sujeto de la propia formación. Por tanto, cuanto realizamos en la escuela tiene un objetivo muy claro y preciso: ofrecer al alumno ocasiones de crecer y madurar en todos los aspectos de su personalidad.
Las posibilidades de participación de los alumnos en la vida de la escuela son muy variadas.
   Expresión de intereses e inquietudes a través de la relación educativa que tienen más a su alcance; tutores y profesores.
   Intercambio de puntos de vista con los educadores sobre la marcha del pro­pio grupo-clase o nivel o sección, y también sobre los acontecimientos de la sociedad.
   Asunción de responsabilidades en la dinámica propia del aula; aspectos ma­teriales y personales, proceso de aprendizaje, aspectos didácticos, etc.
   Organización de grupos con el objetivo de canalizar opiniones, promover actividades, proponer acuerdos, tomar decisiones, asumir compromisos, evaluar realizaciones, etc.
   Participación directa de órganos colegiados para representar intereses pro­poner iniciativas, contrastar pareceres, colaborar en la toma de decisiones compartir responsabilidades, etc.
Los alumnos se deben iniciar en la participación conseguir así la madurez y responsabilidad que necesitan para afrontar con espíritu solidario de las situaciones y dificultades de cada día.
 
4. El personal de administración y servicios presta una valiosa colaboración.
Las personas que asumen responsabilidades de administración y servicios constituyen una parte importante de la Comunidad Educativa y prestan una valiosa colaboración, a la Dirección, los profesores, los alumnos y las familias. Estas per­sonas realizan funciones diversas y totalmente necesarias; la gestión económica, la secretaría académica, el asesoramiento psicopedagógico, el conserje, la conserva­ción de los locales, medios didácticos...
Con los demás estamentos de la Comunidad Educativa, el personal de admi­nistración y servicios tiene ocasión de compartir todo lo que la escuela es y todo lo que la escuela ofrece, ya que todo es posible porque todos aportan iniciativas, ilusión y trabajo según las respectivas competencias y responsabilidades.
 
5. Los padres participan activamente en la vida de la escuela.
Los padres son los principales responsables de la educación de los hijos y nuestra escuela, con su identidad específicamente cristiana, completa su acción educativa.
La escuela necesita de manera muy especial el apoyo y colaboración de los padres, que deben velar para que se mantenga y actualice constantemente el tipo de educación que han elegido y que nuestra escuela se ha comprometido a ofrecer a la sociedad.
Los alumnos y sus padres han de conocer de forma suficiente el tipo de educa­ción que la escuela imparte, para poder colaborar eficazmente en su realización. Si alguno no comparte esta idea de educación, debe prestarle el debido respeto ya que ha sido objeto de opción positiva por parte de muchas familias.
Las familias que no han podido hacer uso de su libertad y han acudido a nues­tra escuela por razones ajenas a su Proyecto Educativo, saben que ésta respetará el pluralismo y acogerá a todos los alumnos sin distinción.
Por su parte, la Asociación de Padres y Madres:
   Adecua los medios necesarios para poder garantizar en cada momento una eficaz colaboración en la marcha del centro.
   Colabora en la actividades educativas complementarias y extraescolares con la intención de favorecer la formación integral de los alumnos.
   Acoge, representa y defiende los intereses del conjunto de las familias que forman la Comunidad Educativa.
   Canaliza su participación corresponsable en los diversos órganos colegiados de la escuela.
La escuela de Padres fomenta la formación permanente de los padres de alumnos como educadores de los propios hijos, y les dispone para asumir respon­sabilidades en la Asociación para representar a sus compañeros en los órganos de gobierno de la escuela. Así participan de forma corresponsable en la gestión global del centro.
 
6. Nuestro Consejo Escolar.
El Consejo Escolar es el máximo órgano colegiado representativo de nues­tra Comunidad Educativa, y su composición garantiza que los diversos estamentos tengan ocasión de participar en él, y por tanto, de corresponsabilizarnos según las competencias que le da la legislación vigente.
Las competencias que la legislación vigente asigna al Consejo Escolar exigen que todos sus miembros:
 
   Asuman como propios los objetivos de la escuela tal como están expresados en este documento que define su Carácter Propio, y se responsabilicen de promover la realización de su Proyecto Educativo.
   Tengan conocimiento profundo de la acción educativa global del centro y del conjunto de actividades formativas que promueve.
   Compartan la reflexión y el trabajo que supone la actualización del Proyecto Educativo y la proyección de la escuela hacia el futuro.
   Hagan de su presencia y de su acción en el Consejo un servicio generoso y solidario al conjunto de la Comunidad Educativa.
El buen resultado de la gestión del Consejo Escolar depende de la competen­cia, la disponibilidad, la coherencia y la capacidad de compromiso de todos y cada uno de sus miembros.
Las características de nuestra escuela y el tipo de educación que nos hemos comprometido en ofrecer a la sociedad, hacen que los criterios básicos del funciona­miento el Consejo Escolar sean estos tres:
   Dar prioridad a los intereses globales de la Comunidad Educativa por encima de las conveniencias individuales o de grupo.
   Considerar que la atención a las necesidades formativas de los alumnos y la calidad de la educación son el eje que da sentido y coherencia a todas las propuestas y decisiones.
   Asumir que el diálogo, la comprensión y el respeto son los caminos habitua­les que conducen a los acuerdos que debe tomar el Consejo Escolar.
De esta manera, la unanimidad de criterios y el consenso en las decisiones llegan a ser expresión de la voluntad de servicio a los grandes intereses de la edu­cación.
 
7.   Una gestión que expresa corresponsabilidad.
En la concreción de los aspectos organizativos de nuestra escuela tenemos en cuenta la legislación vigente.
En consecuencia, reconocemos el derecho de la Institución Titular a establecer el Carácter Propio del centro y a dirigirlo, y tenemos en cuenta las disposiciones le­gales que se refieren a la intervención de profesores, alumnos, padres de alumnos y personal de administración y servicios en el control y gestión de la escuela.
Estos principios, junto con los criterios que inspiran la participación, nos ayudan a determinar el modelo de gestión más adecuado para nuestra escuela, es decir:
La composición, competencias, y normas de funcionamiento de los órganos
colegiados: Consejo Escolar, Equipo Directivo...
   Las funciones que corresponden a cada uno de los órganos de gobierno unipersonales: representante de la Institución Titular, Director...
   Los criterios para la asignación de diversos cargos de responsabilidad: com­petencia profesional, capacidad de compromiso, dedicación..., y los canales de participación de todos los estamentos en la vida de la escuela.
El Reglamento de Régimen Interior recoge el conjunto de normas que regu­lan el funcionamiento de nuestra escuela, y garantiza la adecuada coordinación de todos los estamentos y personas que formamos la Comunidad Educativa. Este Re­glamento, elaborado teniendo en cuenta los preceptos legales y respetando, cuanto establece el presente documento, es aprobado por el Consejo Escolar a propuesta de la Institución-Titular.
 
CONCLUSIÓN
A lo largo de las diversos apartados de este Documento, hemos ido haciendo una descripción de los rasgos más importantes que definen la identidad de nuestra escuela Franciscana como centro de Iglesia sea instrumento de evangelización, la educación cristiana que ofrecemos, y algunos aspectos de la organización interna del centro.
Somos conscientes que en más de una ocasión no nos hemos limitado a des­cribir la realidad, sino que reconociendo las limitaciones que cada día acompañan a la labor que realizamos, hemos sugerido pistas para la mejora de nuestra acción educativa. En este sentido, podemos decir que hemos hecho un apunte del ideal que pretendemos alcanzar.
Nos interesa que sea de este modo, para que cuantos formamos la Comuni­dad Educativa podamos inspirarnos en el contenido de este Documento cuando nos dispongamos a elaborar nuestros Proyectos Educativos y a programar las diversas actividades de la escuela.
Deseamos, pues, que la propuesta educativa que acabamos de describir, y que como tal define el Carácter Propio del centro, llegue a ser el eje que haga converger las acciones pedagógicas y formadoras de todos los que constituimos la Comunidad Educativa de nuestra escuela.

 

 
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